Luis, el uniformao

por javiervicius

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Y por fin me pasó lo que jamás me había ocurrido en casi 24 años de giras de conciertos por medio mundo. Finalmente alguien me echó de un backstage. Sucedió esta misma noche, a eso de las nueve y media. En Madrid. A un puñado de cientos de kilómetros de la tranquilidad de mi casa.
No me echaron del backstage del histórico Musikverein de Viena, el mismo en el que dirigían Mahler, Furtwängler o Karajan; ni de los accesos a las salas de auditorios de Buenos Aires, Sao Paulo, Colonia, Düsseldorf, Hannover o Hamburgo… Tampoco me echaron del Teatro Real de Madrid, ni del Maestranza de Sevilla, ni de los auditorios de Granada, Sevilla, Zaragoza, Salamanca, Valladolid, San Sebastián, Bilbao y un interminable etc.
Ni tan siquiera me llegaron a expulsar de los camerinos de la Ópera de Viena ni del backstage de la Philharmonie de Berlín, y eso que en estos dos últimos sagrados lugares no actuaba mi orquesta.
Por fin me echó Luis, un tipo con dos güevos toreros y marcada tendencia al sobrepeso. Y lo hizo porque, al contrario que él, yo no estaba “uniformao”. Luis hizo lo que tenía que hacer: defender con ahínco los dos metros cuadrados asignados a su cargo y en los que al fin puede ser rey, aunque solo lo sea en las dos horas que dura un concierto.
— ¿Qué hace usté?
— Sacar una foto
— Usté no puede estar aquí…
— Pero es que yo trabajo con la orquesta que está en escena…
— Usté no está uniformao y no se puede estar aquí si no está uniformao…
— ¿Y usted está “uniformao” vestido así? —El tipo lleva pantalón y un polo de algodón, ambos absolutamente negros y muy semejantes a los que en invierno usaba mi padre en sus cosas del jardín.
— Sí, este es mi uniforme.
— Pues nada, la próxima vez que venga lo haré con mi disfraz de almirante.