…y nos llevarán los muchachos de la mudanza

por javiervicius

Amigo Queijo:

te lo has perdido. Tú por ahí, en Oviedo, por ejemplo, y nosotros aquí contándole al mundo que algunos llevamos casi 25 años en este negocio. No te preocupes: al igual que el resto de ruedas de prensa que hemos celebrado hasta ahora, la de hoy ha sido totalmente diferente, única en sí misma: ya te contaré los detalles cualquier día de estos.

Pero la cosa, el aniversario, da que pensar. Al menos a mí. Pienso que veinticinco años de trabajo son, después de todo, muchos años de trabajo, casi tres cuartos de vida profesional según hagas la cuenta. A veces parecía que el tiempo avanzaba como un paquidermo en medio de la nada, las horas interminables de aeropuertos; también fuimos carne de autobús en esas rutas interminables de autopistas. Por ejemplo en Alemania, en nuestra segunda gira de conciertos allá por 1998.
Nos acostábamos a las mil quinientas menos cuarto y a las ocho de la mañana —esas mañanas grises, plomizas— había que sacudirse las legañas porque nos esperaba siempre un autobús a cualquier otra parte de ese país que siempre parece estar ahí en medio. Ya casi me daba igual. Medio dormido en el autobús tenía la extraña sensación de llegar tarde al desayuno de ayer mientras se me enfriaba ya el de mañana. Pero son cosas de las giras, que pierdes un poco la noción del día, la hora y hasta del lugar que ocupas en cualquier parte de un mapa. Al menos yo, que por las mañanas me peino de memoria y cuando descubro que estoy despierto me encuentro al volante del coche ya frente al Palacio.

Decía que eso de los veinticinco años me da mucho que pensar. A veces creo que de algún modo formamos parte de la decoración y que si algún día la cosa cambia de sede a nosotros nos llevarán, junto con los armarios y las mesas, los muchachos de la mudanza. Y en ocasiones pienso que si me llegara a jubilar en mi puesto tendrán que venir a retirarme los del reciclaje pertrechados tras una enorme rasqueta.