Cartas a mamá (II)

por javiervicius

Ya sabes que siempre fui un hijo atípico. Y no; no me gustaba tu flan, tan celebrado por otra parte por quienes lo probaban; tampoco soportaba el cabrito que, como le gustaba tanto a tu Iñaki, preparabas una Navidad si y otra también para espanto de mi estómago y lamento de mis ojos. La tortilla de patatas era un horror para el que no encuentro palabras y la ensaladilla rusa pues no sé qué decirte: me parecía de cualquier otra parte del mundo menos de Rusia.
Todo esto me hace pensar que al menos en eso Elena sí que ha tenido suerte conmigo aunque, como es habitual en estos casos, todavía no ha podido apreciarlo y disfrutarlo en toda su perfecta belleza y todo parece indicar que nunca lo hará. Ella no ha tenido que escuchar lo que otras esposas aguantan con paciencia oriental hasta que la mala leche les acaba de reventar por alguna otra parte con todo tipo de disparates tras aguantar durante años que si mi madre sí que sabe lo que es cocinar esto, que si sus lentejas aquello, que si su arroz con almejas lo otro… En general creo que al menos en esto sí que ha sido afortunada: piensa que hay muchísimos maridos que después de todo lo único que buscan en sus espsosas es una madre de repuesto y claro, así la cosa esta del matrimonio no puede funcionar en modo alguno.  Ya ves: como en tantas otras cosas de mi vida yo vivo siempre al otro lado del decorado.
Pero no te aflijas que no todo era tan malo: tu cocido gallego era en verdad de otro mundo y jamás he vuelto a disfrutar de empanadillas de carne como las tuyas. Al igual que a tu presencia, a tu buen humor, a tu paciencia y a ese corazón tan grande, también a ellas las echaré de menos.