Cuando tu propia vida es tu hogar

por javiervicius

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Después de todo mi vida es escribir, y tengo la inmensa fortuna de hacerlo rodeado de personas extraordinarias y aún a pesar de que quizá lo que me pagan por ello no sea lo más justo, o lo que te gustaría percibir para poder ofrecerle a mi hijo otras alternativas, y aunque muchas veces tenga que trabajar acosado por un Everest de burocracia. Pero al menos lo hago rodeado de personas extraordinarias. Cuando mi propia vida y mi escritura es mi hogar y escribo y trabajo rodeado por personas como Risto Vuolane, Eugenia Petrova, Stefan Utanu, Zita Tanasescu (gracias Zita por tu sensibilidad y por acompañarme en una Canción de la tierra que casi me lleva de este mundo) o Florian Vlashi (autor de la foto que ilustra esta reflexión) no puedo dejar de dar las gracias al destino, a la vida o al karma por permitir que estos años los viva con ellos. Porque debo decir que cada uno de ellos hicieron  de mi último viaje con la Sinfónica de Galicia algo especial para lo que no tengo palabras de agradecimiento. Me siento querido, arropado y apreciado por una familia que no tiene fin y que tantas veces siento que no merezco: José Rúa con el que me parto de la risa y que todos los días me llama “palote”, José Manuel Ageitos, que me acepta con resignada paciencia mis bromas y además me presta 20 euros, Daniel Rey con sus cosas y como siempre José Manuel Queijo, mi Queij.

En dos días intensos he reído a mandíbula partida con Rúa, con Ageitos y con Queijo; he hablado de las cosas de la vida, de literatura y de desamor con Nerea; de jazz y de Tolkien con Risto, de la maternidad, la paternidad y los hijos con Petrova y de política, música, trabajo y vida con Utanu en el viaje de vuelta, además de hablar sobre Schoenberg, Stravinski, Schnittke, Ligeti y de la música del siglo XX con una persona tan sensible, culta y enriquecedora como Florian, quien me regaló esta foto que para mí fue una bendición y una sorpresa. Y Zita, mi querida Zita, a la que siempre agradeceré que me diera pañuelos y me cogiera de la mano en la sala cuando el Der Abschied de Mahler me partió al medio.